A la hora en que todas las cosas reposan
oh, solitario vigilante del cielo,
¿oyes el viento nocturno y el suspiro
de las arpas que tocan el amor descorriendo
las pálidas cancelas del amanecer?
Existo. Es algo tan dulce, tan dulce, tan lento. Y leve; como si se
mantuviera solo en el aire. Se mueve. Por todas partes, roces que caen y
se desvanecen.